martes, 30 de junio de 2015

Interiores



En un instante de su vida, se sintió lo que no era: un pirata sin más ley que su voluntad; un corsario de todas las coronas; el amo de los vientos y las olas. Y viajó con caras nuevas, y puso rumbos que, creía, le conducirían al mejor de los puertos o, cuanto menos, a alguno mejor que el de partida.
Pero, al instante siguiente de su vida, un golpe de mar arrancó de cuajo el mástil y la deriva gobernó el barco hasta el naufragio. Y se miró y se reconoció tal y como era: vencido en la derrota.

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