Nos encontramos frente a frente la joven caminante y yo.
Su mochila verdenuevo me hizo reparar en que la mía había empardecido tanto que era imposible adivinar su color original.
"Vas en dirección contraria", me dijo. "Da media vuelta y caminemos juntos".
Y, agarrando su brazo como bastón, camino mientras ella me cuenta cómo es allí de donde yo volvía: "Allí se allana y se ensancha el camino. Y se bebe para que no llegue la sed. Y se come por saborear. Y la lluvia refresca el verano. Y el sol entibia el invierno..."
Y yo, a su lado, camino sin pronunciar palabra por no perder el poco aliento que su larga zancada me permite.