No era de lino ni de hilo el mantel ni las servilletas a
juego. Y las copas, de un vidrio industrial, como el acero de
los cubiertos, que nunca fueron de plata sobre su mesa. También la
vajilla tenía el innoble origen del molde, pero era blanca y relucía. Qué bien
puesta estaba la mesa, esperando el alimento.
Se sentó a contemplar en ella a todos los que la hacían
posible: carpinteros, ebanistas, campesinos, hilanderos, tejedores,
transportistas, mineros, vidrieros, hortelanos… Y se supo acompañado y brindó
con ellos y por ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario