domingo, 24 de enero de 2016

Novena Sinfonia de Beethoven


La del alba sería cuando toqué con los nudillos en el cristal de tu ventana ta-tán, ta-tán
- "Amigo, ya es la hora", dije 
- "Volaaando" saliste y, cogidos del brazo, encaminamos la calle abajo. La brisa justificaba que lucieras tu foulard imprescindiblemente rojo para la ocasión. Yo llevaba sombrero panamá y encendimos el primer cigarro. Por las ventanas, entre perfume a pan caliente y café de puchero, olíamos las caricias de madres acicalando el pelo de su niña, ciñendo el corbatín a su marido, marcándose el talle con un ancho cinturón de lunares rojos...
Las conversaciones, abonico, se asomaban a los portales entre risas. Saludábamos, yo tocando el ala del sombrero, tú inclinando la cabeza y, gota a gota, al llegar a la primera esquina, éramos un arroyo. Esquina a esquina, calle a calle, ríos de risas inundamos la plaza. No había estrado ni banderas. No sonaban himnos ni consignas. Qué guapos estábamos tan felices. Y, de repente, la plaza retumbó en una inmensa carcajada.

lunes, 11 de enero de 2016

Luz


¿Hay una posibilidad?
No digo "una verdad", sino una pequeña rendija por donde una luz, tal vez de un emisor fugaz o de una estrella desaparecida, se cuela iluminando el camino por el que pretendemos transitar.
No digo seguir la estela de un cometa que conduce al prodigio, sino la mísera luz del faro costero que nos guía a una orilla donde recuperar el soplo que nos permita continuar, quizás mañana, la travesía.
Y, entonces, ¿merece la pena seguir su resplandor? ¿hará esa tenue luz menos tortuoso el camino?