Lo difícil será entender cómo ese grito se convirtió en icono y llegó a ser del gusto de tal cantidad y variedad de personas.
Sin desmerecer la obra de Munch, es probable que una mano interesada moviera los resortes para que aquello ocurriera.
Tal cual sería, en su momento, la mano que movió aquellos otros resortes, sin desmerecer la obra de Agesandro, Aterodoro y Polidoro, los tres rodios que la firmaron.