Angustiado porque nunca los demás habían valorado suficientemente sus méritos, se sentía más morir que envejecer. Por eso, cuando recibió aquel su primer premio, creyó que por fin había llegado su hora más cercana a la felicidad.
Pero, instantes después del ceremonial, pesó la cuantía económica recibida, los halagos, los elogios y la duración de los aplausos preguntándose si era aquel galardón suficiente precio para sus virtudes y esfuerzos.
Y, desde entonces, empeñado en encontrar la cantidad que le haría justicia, suma y resta comparando su gloria con la de los otros premiados, buscando aproximarse a una cifra que le libere del desasosiego.
No hay comentarios:
Publicar un comentario